Año Caos
Bailé con las dos madres de las Dulces,
ríen todes en el año de caos,
un año de gracias, de nuevas miradas y macromoldes.
Un frasco que cae, un caos que explota y cae, y se cubre.
2019, para dar gracias por las nuevas oportunidades, por la continua entropía,
por el desorden y el enfoque, por los desenfoques y caídas.
Mis doce uvas, se mezclan con chia, ven la niña llorando en la esquina,
ven al niño sonriente, ven al niño que puede caer del puente, ven la madre pidiendo dinero.
Ven los dulces en cada esquina.
Tocan las lagrimas en cada cortina, un calendario el cual se prende,
el sin numero de maquinas que se pretende,
para crecer en lo que no es prudente, pero es presente, pero es caos intensamente.
Dicen que viva intensamente, que no le tema a la muerte, que la entropía nos lleva por un sendero verde.
Muy verde fue este año, de caminatas, de mucho andar a pie,
pasos que respiran y que brotan aire puro, una ciudad más verde,
apenas en marzo las hidras se prenden.
Se apagan las citas, el caos trasciende, impiden la llegada a ese codigo x.
Antes de la vuelta al sol, un despertar más temprano,
una meditación kundalini, la kriya del metaplano.
Respiraciones de fuego, de nuevo un camino largo,
para llegar a la meta de un empinado páramo.
Un caos matutino, antes de la entrevista, observé como niño,
me escogieron como joven, regresé como un mago,
visualice el futuro, que el presente me oculta,
se cierran nuevos casos, el baile continua.
Latinoamerica escucha, grita y protesta,
solo escuchándonos para amanecer con un propósito,
con una claridad, con una estrategia,
sabiendo que el caos anuncia la tragedia.
Mucho por leer, en pendiente la Misa Negra,
miradas más criticas para el caos,
que quien interpreta en la fiesta, lo comprende, en cada manera,
termina el volanteo, se recogen lo frutos, se da lo que se esperaba,
un corazón agitado, esperando lo que se esperaba.
domingo, 15 de diciembre de 2019
martes, 22 de octubre de 2019
Concepciones de Libertad y Derecho
Concepciones de libertad y Derecho, una mirada desde Normberto Bobbio.
Por: César Alfredo Segundo; Ana C Cadavid Urrego; Fernando Vallejo; Jorge Iván Hernández; Jorge David Vallejo; Luis Alejandro Rivera y Paula Durán
Inicios del siglo XVIII, el mundo moderno presenta una serie de transformaciones en el orden geopolítico, se pensaba que la funcionalidad del dogma religioso, había pasado a un segundo plano; pero, ¿acaso las bases milenialistas y escatológicas no siguieron y siguen vigentes? “muchos revolucionarios contemporáneos, como los jacobinos franceses y los bolcheviques rusos, detestaban la religión tradicional, pero su convencimiento de que los crímenes y las locuras del pasado podrían desaparecer a partir de una transformación integral de la vida humana supuso una especie de reencarnación laica de toda una serie de creencias cristianas anteriores” (Gray, 2008, p. 14).
La idea de libertad, va a ir sustentando la construcción de esa otra discutida categoría, que apareció durante la jornada, y que genera ahora tantos cuestionamientos y es el concepto de dignidad humana. Un concepto que al parecer, se sustenta en un paradigma antropocéntrico y cosmolista, el cual ha tenido como apoyo al Derecho Natural, impulsado por Platón y Aristóteles, en la Grecia Antigua; por Romanos como Marco Tulio Cicerón, en los años 106 a. c.; por iusnaturalistas teológicos como Santo Tomás y San Agustín (En la edad media) y por representantes también de la Ilustración, como Kant, quien plantea, que la forma pura de la ley es «vigencia sin significado».
Kant llama «respeto» (Ach- tung, atención reverencial), a la condición de quien tiene que. vivir bajo una ley que está vigente sin significar, es decir, sin prescribir ni prohibir ningún fin determinado” (Agamben, 2006, p. 72).
De otro lado, con la Revolución Francesa, la soberanía, que estaba en cabeza del Monarca y la Iglesia, pasó al individuo, y con las nuevas ideas contractualistas, se configura la llamada “Soberanía nacional”, la cual nos llevaría a un nuevo tipo de libertad, que sin pensarlo, nos dejaría “absorbidos por el disfrute de nuestra independencia privada y por la búsqueda de nuestros intereses particulares, renunciando de esta forma, con demasiada facilidad a nuestro derecho de participación en el poder político” (Constant, 1819).
El resultado de trasladar esa soberanía al Estado-nación, conlleva a que el mayor ejercicio de coerción del Estado, se de por medio de “La ley” del Parlamento (Congreso). Una Ley que seguirá siendo universal, inmutable, abstracta, a la cual se va empezar a dotar de contenido y estructura, para hacerla fuerte, pues de esa forma se fortalece también el Estado. Nace entonces, lo que se denominó, La Exégesis, es decir, el origen del positivismo jurídico, que va reducir, en términos de Bobbio, el Derecho a la validez, esto es: “una norma es justa, sólo si es válida” (Bobbio, 1991, p. 30).
Sin embargo, paralelamente, fue creciendo una Escuela llamada “Histórica”, anti-formalista, antiliberal y metodológica, con el jurista Alemán Friedrich Karl von Savigny, como uno de sus precursores, quien consideraba que el Derecho de cada Estado-nación, debía responder a su propio espíritu. ¿Podría ser este el origen del realismo o anti-cosmopolitalismo en el campo jurídico? Es posible.
Hans Kelsen, ya en el siglo XX, quiso seguir con esta línea de construir un Derecho científico y metodológico, proponiendo para esto su Teoría Pura del Derecho, con la cual se busca darle autonomía al Derecho y alejarlo por completo de la moral, la política, la economía. Bobbio (2002) llama a esta concepción como Teoría Normativista, y en el capítulo estudiado del texto “Teoría General del Derecho” pone en debate esta con la Teoría de la relación intersubjetiva y la Teoría Institucionalista.
En el texto “El problema del positivismo jurídico”, traducido por Ernesto Garzón Valdés, Bobbio se encarga de clasificar el Derecho Positivo o Iuspositivismo en: Metodológico, Teórico e Ideológico. Parafraseando al profesor (Bernal, 2016), el metodológico, señala que el discurso científico legítimo del derecho no es otro que el que se ocupa del estudio del derecho positivo válido y no del derecho que debería ser derecho, por lo que deja a un lado otras disciplinas diferentes a la jurídica, este fue el propuesto por la Escuela Histórica y mejorado por Kelsen, en oposición al iusnaturalismo y a la Exégesis. En segundo lugar: el teórico, que considera que el derecho válido, por tanto, el único derecho que obliga y el que es coercible, es el que es fruto del Estado. En este segundo se ubicaría la exégesis como tal. Y por último, el ideológico, que considera derecho válido y justo, solo al que es fruto de la voluntad de un órgano representantivo-democrático, aquí ubicamos por ejemplo a Carl Schimitt y a Eichmann, quienes se apoyaron en este tipo de Derecho positivo, para fundamentar el exterminio de los judíos en la Alemania Nazi.
Teniendo en cuenta lo anterior, la obra estudiada se enmarca en el positivismo metodológico, por lo que es importante también aclarar la clasificación que hace Bobbio de las Escuelas iuspositivistas metodológicas, las cuales divide en dos grupos: El primer grupo, Funcionalistas o realistas, que se centran más en garantizar que el derecho sea eficaz (Ya sea ante los jueces o ante la sociedad). En este positivismo realista o funcionalismo sociológico, se ubicaría la teoría institucionalista de Santi Romano, por ejemplo.
Y el segundo grupo, los Estructuralistas o normativistas, que se centran en la pregunta por la validez de la norma, a partir del ordenamiento jurídico. Es en este último en el que se ubican los trabajos de Kelsen y Bobbio.
No obstante, ¿podría considerarse a Bobbio, como representante de la teoría normativista, per se? consideramos, que no, ya que su propuesta del formalismo jurídico, nos lleva a comprender, que la intención del jurista italiano, es proponer una teoría integracionista, que se aparte de los reduccionismos y acoja como complemento de la teoría normativista, a las demás teorías, para lo cual, se va apoyar también en los criterios de validación de la norma jurídica: la justicia, la validez y la eficacia.
Pero este positivismo metodológico de Kelsen y Bobbio, va recibir en la contemporaneidad, críticas a considerar y que nos llevan a preguntar, ¿Si está de vuelta del Derecho Natural o si nunca se ha ido? Hart, con su idea de que el positivismo debe incluir un “mínimo de derecho natural” y R. Dworkin, con su propuesta de “Derecho como integridad”, serían dos neocosntitucionalistas, que volverían a la idea de pensar en la necesidad de contar con principios universales, argumentando que por ejemplo, que la violación a los derechos humanos, “ultrajaría los principios que definen la dignidad humana” (Dworkin, 2008, p. 53).
A los anteriores se va unir Robert Alexy, con su teoría de “pretensión de corrección y argumentación jurídica” y John Rawls, con su teoría de la justicia, donde propone la libertad y la igualdad, como principios de justicia, que guíen la conducta.
Concluyendo con este texto reflexivo, nos quedan los siguientes cuestionamientos, ¿Fue realmente la modernidad, simbolizada como la época de las luces y la ilustración, una verdadera revolución, en lo social y en lo cultural para la humanidad, qué papel jugó en la construcción de la conciencia de libertad y cómo estamos entendiendo esa idea de libertad?
¿De qué forma cuestionamos las normas que nos brindan libertades y derechos, y a su vez, coartan nuestra libertad; que reproducen los enfoques normativos, las políticas públicas, sistemas jurídicos que hoy inciden en nuestra realidad? ¿Son acaso sistemas normativos que se fundan y siguen proyectos utópicos, basados en una supuesta realización y perfección de la humanidad o en una victoria del bien sobre el mal?
¿El enfoque intervencionista de los Estados, transnacionales y élites, que buscan controlar y apoderarse de los recursos del mundo, se aprovecha acaso, del paradigma cosmopolista y globalizante, para aspectos que le convienen (Legitimar la universalidad de principios y valores), pero también del paradigma realista, a la hora de defender sus propios intereses y de estimular los conflictos en el mundo, que ayudan a su vez a sostener el sistema y los mercados?
Bibliografía
Agamben, Introducción. En Homo Sacer. El poder soberano -y la nuda vida I, pp. 9-23
Benjamin Constant, De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos (Conferencia pronunciada en el Ateneo de París. Febrero de 1819).
Botero Bernal, A. (2016). El positivismo jurídico en la historia. Sello Editorial de la Universidad de Medellín.
Bobbio, Norbert (1991). “El derecho como norma de conducta”. En Teoría general del derecho. Temis, pp. 3-19
Ronald Dworkin (2008). Terrorismo y derechos humano. En Democracia posible. España, Paidós, pp. 41-72
Gray, John (2008). La muerte de la utopía. En Misa negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía, pp. 13-57. Madrid, Paidós
Por: César Alfredo Segundo; Ana C Cadavid Urrego; Fernando Vallejo; Jorge Iván Hernández; Jorge David Vallejo; Luis Alejandro Rivera y Paula Durán
Inicios del siglo XVIII, el mundo moderno presenta una serie de transformaciones en el orden geopolítico, se pensaba que la funcionalidad del dogma religioso, había pasado a un segundo plano; pero, ¿acaso las bases milenialistas y escatológicas no siguieron y siguen vigentes? “muchos revolucionarios contemporáneos, como los jacobinos franceses y los bolcheviques rusos, detestaban la religión tradicional, pero su convencimiento de que los crímenes y las locuras del pasado podrían desaparecer a partir de una transformación integral de la vida humana supuso una especie de reencarnación laica de toda una serie de creencias cristianas anteriores” (Gray, 2008, p. 14).
La idea de libertad, va a ir sustentando la construcción de esa otra discutida categoría, que apareció durante la jornada, y que genera ahora tantos cuestionamientos y es el concepto de dignidad humana. Un concepto que al parecer, se sustenta en un paradigma antropocéntrico y cosmolista, el cual ha tenido como apoyo al Derecho Natural, impulsado por Platón y Aristóteles, en la Grecia Antigua; por Romanos como Marco Tulio Cicerón, en los años 106 a. c.; por iusnaturalistas teológicos como Santo Tomás y San Agustín (En la edad media) y por representantes también de la Ilustración, como Kant, quien plantea, que la forma pura de la ley es «vigencia sin significado».
Kant llama «respeto» (Ach- tung, atención reverencial), a la condición de quien tiene que. vivir bajo una ley que está vigente sin significar, es decir, sin prescribir ni prohibir ningún fin determinado” (Agamben, 2006, p. 72).
De otro lado, con la Revolución Francesa, la soberanía, que estaba en cabeza del Monarca y la Iglesia, pasó al individuo, y con las nuevas ideas contractualistas, se configura la llamada “Soberanía nacional”, la cual nos llevaría a un nuevo tipo de libertad, que sin pensarlo, nos dejaría “absorbidos por el disfrute de nuestra independencia privada y por la búsqueda de nuestros intereses particulares, renunciando de esta forma, con demasiada facilidad a nuestro derecho de participación en el poder político” (Constant, 1819).
El resultado de trasladar esa soberanía al Estado-nación, conlleva a que el mayor ejercicio de coerción del Estado, se de por medio de “La ley” del Parlamento (Congreso). Una Ley que seguirá siendo universal, inmutable, abstracta, a la cual se va empezar a dotar de contenido y estructura, para hacerla fuerte, pues de esa forma se fortalece también el Estado. Nace entonces, lo que se denominó, La Exégesis, es decir, el origen del positivismo jurídico, que va reducir, en términos de Bobbio, el Derecho a la validez, esto es: “una norma es justa, sólo si es válida” (Bobbio, 1991, p. 30).
Sin embargo, paralelamente, fue creciendo una Escuela llamada “Histórica”, anti-formalista, antiliberal y metodológica, con el jurista Alemán Friedrich Karl von Savigny, como uno de sus precursores, quien consideraba que el Derecho de cada Estado-nación, debía responder a su propio espíritu. ¿Podría ser este el origen del realismo o anti-cosmopolitalismo en el campo jurídico? Es posible.
Hans Kelsen, ya en el siglo XX, quiso seguir con esta línea de construir un Derecho científico y metodológico, proponiendo para esto su Teoría Pura del Derecho, con la cual se busca darle autonomía al Derecho y alejarlo por completo de la moral, la política, la economía. Bobbio (2002) llama a esta concepción como Teoría Normativista, y en el capítulo estudiado del texto “Teoría General del Derecho” pone en debate esta con la Teoría de la relación intersubjetiva y la Teoría Institucionalista.
En el texto “El problema del positivismo jurídico”, traducido por Ernesto Garzón Valdés, Bobbio se encarga de clasificar el Derecho Positivo o Iuspositivismo en: Metodológico, Teórico e Ideológico. Parafraseando al profesor (Bernal, 2016), el metodológico, señala que el discurso científico legítimo del derecho no es otro que el que se ocupa del estudio del derecho positivo válido y no del derecho que debería ser derecho, por lo que deja a un lado otras disciplinas diferentes a la jurídica, este fue el propuesto por la Escuela Histórica y mejorado por Kelsen, en oposición al iusnaturalismo y a la Exégesis. En segundo lugar: el teórico, que considera que el derecho válido, por tanto, el único derecho que obliga y el que es coercible, es el que es fruto del Estado. En este segundo se ubicaría la exégesis como tal. Y por último, el ideológico, que considera derecho válido y justo, solo al que es fruto de la voluntad de un órgano representantivo-democrático, aquí ubicamos por ejemplo a Carl Schimitt y a Eichmann, quienes se apoyaron en este tipo de Derecho positivo, para fundamentar el exterminio de los judíos en la Alemania Nazi.
Teniendo en cuenta lo anterior, la obra estudiada se enmarca en el positivismo metodológico, por lo que es importante también aclarar la clasificación que hace Bobbio de las Escuelas iuspositivistas metodológicas, las cuales divide en dos grupos: El primer grupo, Funcionalistas o realistas, que se centran más en garantizar que el derecho sea eficaz (Ya sea ante los jueces o ante la sociedad). En este positivismo realista o funcionalismo sociológico, se ubicaría la teoría institucionalista de Santi Romano, por ejemplo.
Y el segundo grupo, los Estructuralistas o normativistas, que se centran en la pregunta por la validez de la norma, a partir del ordenamiento jurídico. Es en este último en el que se ubican los trabajos de Kelsen y Bobbio.
No obstante, ¿podría considerarse a Bobbio, como representante de la teoría normativista, per se? consideramos, que no, ya que su propuesta del formalismo jurídico, nos lleva a comprender, que la intención del jurista italiano, es proponer una teoría integracionista, que se aparte de los reduccionismos y acoja como complemento de la teoría normativista, a las demás teorías, para lo cual, se va apoyar también en los criterios de validación de la norma jurídica: la justicia, la validez y la eficacia.
Pero este positivismo metodológico de Kelsen y Bobbio, va recibir en la contemporaneidad, críticas a considerar y que nos llevan a preguntar, ¿Si está de vuelta del Derecho Natural o si nunca se ha ido? Hart, con su idea de que el positivismo debe incluir un “mínimo de derecho natural” y R. Dworkin, con su propuesta de “Derecho como integridad”, serían dos neocosntitucionalistas, que volverían a la idea de pensar en la necesidad de contar con principios universales, argumentando que por ejemplo, que la violación a los derechos humanos, “ultrajaría los principios que definen la dignidad humana” (Dworkin, 2008, p. 53).
A los anteriores se va unir Robert Alexy, con su teoría de “pretensión de corrección y argumentación jurídica” y John Rawls, con su teoría de la justicia, donde propone la libertad y la igualdad, como principios de justicia, que guíen la conducta.
Concluyendo con este texto reflexivo, nos quedan los siguientes cuestionamientos, ¿Fue realmente la modernidad, simbolizada como la época de las luces y la ilustración, una verdadera revolución, en lo social y en lo cultural para la humanidad, qué papel jugó en la construcción de la conciencia de libertad y cómo estamos entendiendo esa idea de libertad?
¿De qué forma cuestionamos las normas que nos brindan libertades y derechos, y a su vez, coartan nuestra libertad; que reproducen los enfoques normativos, las políticas públicas, sistemas jurídicos que hoy inciden en nuestra realidad? ¿Son acaso sistemas normativos que se fundan y siguen proyectos utópicos, basados en una supuesta realización y perfección de la humanidad o en una victoria del bien sobre el mal?
¿El enfoque intervencionista de los Estados, transnacionales y élites, que buscan controlar y apoderarse de los recursos del mundo, se aprovecha acaso, del paradigma cosmopolista y globalizante, para aspectos que le convienen (Legitimar la universalidad de principios y valores), pero también del paradigma realista, a la hora de defender sus propios intereses y de estimular los conflictos en el mundo, que ayudan a su vez a sostener el sistema y los mercados?
Bibliografía
Agamben, Introducción. En Homo Sacer. El poder soberano -y la nuda vida I, pp. 9-23
Benjamin Constant, De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos (Conferencia pronunciada en el Ateneo de París. Febrero de 1819).
Botero Bernal, A. (2016). El positivismo jurídico en la historia. Sello Editorial de la Universidad de Medellín.
Bobbio, Norbert (1991). “El derecho como norma de conducta”. En Teoría general del derecho. Temis, pp. 3-19
Ronald Dworkin (2008). Terrorismo y derechos humano. En Democracia posible. España, Paidós, pp. 41-72
Gray, John (2008). La muerte de la utopía. En Misa negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía, pp. 13-57. Madrid, Paidós
sábado, 19 de octubre de 2019
“Aprendizajes que la creciente migración venezolana está dejando en la cultura política de Medellín”
La situación en
Venezuela, ha llevado a que “4.296.777 personas hayan salido del país; esta
cifra puede ser más alta, teniendo en cuenta que los países a los que llegan,
no toman en cuenta a venezolanos sin un estatus migratorio regular” (Plataforma
de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela – R4V, 2019).
Según cifras oficiales,
en Colombia “ya son 1’408.000 inmigrantes venezolanos, de los cuales, un número
de alrededor de 400.000 son colombianos retornados y casi 400.000 personas en
tránsito al sur del continente” (Rodríguez, 2019); Solo 676,093 de ellos, se
encontrarían de forma regular en Colombia, según datos de La Plataforma
Regional de Coordinación Interagencial, de la Agencia de las Naciones Unidas
para los Refugiados - ACNUR y la Organización Internacional para las
Migraciones- OIM. En Medellín hay cerca de 66.000 venezolanos, de los cuales
44.000 están regularizados (Villarroel, 2019).
En el marco del Seminario
de Cultura Política, de la Maestría en Educación y Derechos Humanos, de la
Universidad Autónoma Latinoamericana, el Profesor German Darío Valencia, nos
deja la pregunta sobre los efectos que trae esta migración de venezolanos, a la
Cultura Política, de los habitantes de Medellín.
En atención a esta
invitación a reflexionar y analizar este fenómeno social, en este ensayo, me
propongo primero dar una aproximación teórica sobre la Cultura Política y la
perspectiva de la que partiré, para luego plantear mi respuesta, que en parte
se inspira en la conferencia que dio el pasado jueves, el psicólogo cognitivo
de la Universidad de Harvard, Steven Pinker, invitado a la
ciudad por motivo de la celebración de los 65 años de Comfama, dónde por medio
de datos y mediciones, nos invitó al optimismo.
Adicional a lo anterior, me
pondré el sobrero amarillo que propone Edward de Bono en su técnica de “Los
Sombreros de Colores para pensar”, para mostrar algunas oportunidades que
tenemos en términos de cultura política, si aprendemos de esta situación y de
los venezolanos, que viven una de las diásporas más grandes de la historia de
la Humanidad, de la cual según las cifras mencionadas, “Antioquia es el quinto
departamento del país que más habitantes del vecino país ha recibido y Medellín
la ciudad con mayor oferta y cobertura para esta población en salud, educación
y empleo formal” (López, 2019).
Empiezo entonces, por
enmarcar el concepto de cultura política, que el Profesor German Darío Valencia,
resume como “Experiencia histórica colectiva”.
La Cultura política como
categoría de estudio en las ciencias sociales y políticas, surge como tal, bajo
un macromolde empírico-analítico ligado al conductismo y al enfoque
psicosocial, que buscaba “penetrar en el santuario interior del actor político,
con un rigor y una metodología previamente validada” (Losada y Casas, 2008,
Pág. 82). Los aportes de Amond y Verba,
aunque se mantienen en este macromolde, tienden puentes con el macromolde
hermenéutico, y son considerados de enfoque estructural-funcionalista,
sistémico o culturalista; estos pensadores, presentan la cultura política como
“una variable independiente, que permite explicar las características de
diversas democracias y las pautas de comportamiento de los ciudadanos en cada
una de éstas” (Botella, 1997, pág. 20).
Según Amond y Verba, este
conjunto de pautas, se puede considerar en tres dimensiones: la temporal (con
la durabilidad como principal atributo), la horizontal (omnicomprensividad, que
abarca a toda la sociedad) y la vertical (estructuración, subculturas con
rasgos específicos), (Botella, 1997, pág. 36). Nos ocuparemos básicamente, del análisis
horizontal de los cambios que se están evidenciando con la creciente migración
de venezolanos, en las pautas y orientaciones de los habitantes de la ciudad,
en relación a los conocimientos, sentimientos y valoraciones, que se tienen frente
al sistema político.
Poniéndonos entonces el
sombrero amarillo, el sombrero de la esperanza, que en la técnica para enfocar
el pensamiento que propone De Bono, invita a pensar en los aspectos positivos, en
este caso de los efectos de la migración venezolana en nuestra cultura
política, y pensando en esa reflexión que nos deja Pinker esta semana, de que,
aunque el mundo tiene problemas, tenemos todos los recursos y capacidades para
superarlos; se podrían destacar entonces, tres aprendizajes muy valiosos que se
están generando con esta situación.
Un primer aprendizaje: el
de darle mayor importancia a los asuntos políticos, el cual se traduce en un
despertar del interés por la política, por parte de muchas personas a quienes
no les interesaban estos temas; entendiendo lo político, desde una “combinación
de sus dimensiones de conflicto y poder” (Warren, 2003, pág. 32); que no se
limita a las relaciones con autoridades institucionales, sino que trasciende
también a otras relaciones con el poder cultural, económico y coercitivo.
Con las herramientas que
hoy tenemos para ver lo que pasa en otros países y ver además la trágica
realidad de tantas familias venezolanas, sin tener que salir de nuestra cuadra,
se toma mayor conciencia de lo importantes que son los políticos, quienes toman
decisiones trascendentales que nos afectan e influyen en nuestra vida. En este
sentido, esto podría disminuir los niveles de abstención, como ha venido
sucediendo en las últimas elecciones, donde pasamos de 60,7% en las elecciones
presidenciales de primera vuelta en 2014, a 46,62% en estas mismas elecciones
en 2018, es decir, “disminuyó en 14 puntos porcentuales, convirtiéndose en la
más baja desde 1974” (Rueda, 2018). En Medellín, el ranking de participación en
las elecciones presidenciales ha venido creciendo, pasó de 49,57%, (De un total
de potenciales sufragantes de 1.412.495) en primera vuelta del 2014, a 63,59%
(De un total de potenciales sufragantes de 1.588.150) en primera vuelta el año
pasado.
Ligado a lo anterior,
algo que es muy importante, es que cada vez más las personas se interesan por
votar bien, es decir, votar de forma más consiente e informada; la gente se está
preguntando por las consecuencias que traería la elección de determinado
candidato o partido político, según sus valores, intereses y prioridades
programáticas.
Mejora por tanto, la orientación
cognoscitiva y valorativa, es decir el interés por conocer los derechos y
mecanismos de participación, crece el interés por conocer las propuestas de los
candidatos y candidatas y crece la tendencia Participante, que se caracteriza
por “que los miembros de la sociedad tienden a estar explícitamente orientados
hacia el sistema político como un todo y hacia sus estructuras y procesos
políticos y administrativos” (Almond y Verba, 1992, Pág. 184).
Un segundo aprendizaje
que quiero rescatar, es uno al que estamos llamados a fomentar, sobre todo,
quienes hacemos parte de la academia. Y es que la situación actual, es una
buena oportunidad, para hacer pedagogía, sobre aspectos esenciales de economía
y política y para ayudar a comprender las grandes diferencias ideológicas de
los diversos movimientos políticos, entre los que se encuentran, los sectores
de la izquierda colombiana, que ha sido estigmatizada, muchas veces sin
fundamentos.
El hecho de que el
término “Castro-Chavismo”, se haya popularizado y ayudado a la derecha y a la
extrema derecha a ganar el Plebiscito del 2016 y las elecciones presidenciales del
2018, da cuenta de las deficiencias que tenemos en educación, en formación
ciudadana y en lo que John Rawls, llamo el uso de la “razón pública”, para que
a la hora de discutir asuntos públicos, lo hagamos sin prejuicios y evitando
caer en irracionalidades.
En ese sentido, la labor
que realizan el sistema educativo, la academia, los medios de comunicación y
diferentes organizaciones y colectivos en formar a la ciudadanía, es
trascendental, para evitar que se siga manipulando al electorado y para crecer
en cultura política, aumentando así, las posibilidades de que vigoricemos nuestros
valores democráticos, siendo parte activa de la política e implicándonos en
ella, pero también, creciendo en otros aspectos más internos, donde “influyen
otras actitudes no políticas, como la confianza en otras personas” (Almond y
Verba, 1992, Pág. 194).
Las redes sociales, por
ejemplo, se han convertido en canales importantes para hacer pedagogía al
respecto y para promover valores democráticos, como el pluralismo;
los videos de YouTube que ha publicado “La Pulla”, del Espectador, sobre este
tema, han sido claves para sensibilizar y explicarle a la gente elementos
fundamentales que les ayuden a entender la situación y para que no se dejen
engañar con la idea de que nos podemos convertir como Venezuela si llega al
poder algún sector de izquierda o centro-izquierda. Por ejemplo, el vídeo “Se nos
vino el Castrochavismo” publicado en febrero del año pasado, ya cuenta con más
de 1.200.000, reproducciones en el Canal de “La Pulla”, que tiene en la
actualidad más de 791.000 suscritos.
De otro lado, un tercer
aprendizaje que nos esta dejando este fenómeno migratorio, tiene que ver con que
estamos viendo la importancia de unirnos para fomentar valores como la
solidaridad, la cooperación, la compasión, el respeto por la diferencia y sobre
todo la empatía. Despertar estos sentimientos, no solo repercutirá
favorablemente en las orientaciones hacia una cultura política más incluyente,
sino que además permite mayores escenarios y alternativas de garantía y
protección de los Derechos Humanos, es decir, construye una conciencia social
de defensa de los derechos en la ciudad.
Este aprendizaje, se une
además con otro tema, y es la gran oportunidad que tenemos de enriquecernos con
la inclusión de estas personas que vienen con otros paradigmas, perspectivas,
tradiciones y hábitos, que pueden aportar al progreso y desarrollo de la ciudad
y el país; ayudándonos a avanzar también en Capital social, si logramos
integrarlos y fortalecer “los grupos y redes; la confianza y la solidaridad; la
acción colectiva; la cohesión social; la información y la comunicación; y el empoderamiento
y participación política” (Restrepo, 2008, Pág. 4).
En Medellín, desde
organizaciones como la Corporación Otra Parte, la Corporación Región y la misma
Caja de Compensación Familiar, Comfama, se ha venido trabajando por estimular
estos valores de solidaridad y empatía por parte de los ciudadanos, para con
los migrantes venezolanos, en articulación con la Corporación Colonia de venezolanos
en Colombia (Colvenz) y con Emprecolven; realizando actividades y campañas como
“Abraza a un venezolano” (El Derecho a no obedecer, 2018) y las Ferias de
Empleo para venezolanos en Medellín. Con estas iniciativas, se fortalece además
la integración y la movilización social, las cuales son vitales para la cultura
política, ya que estas formas de
“asociaciones
cívicas, por ejemplo, refuerzan los «hábitos anímicos» que son esenciales para
unas instituciones democráticas estables y eficaces” (Putnam, 2011, pág. 44).
Para concluir, como lo
decía Steven Pinker esta semana: hemos progresado como humanidad, gracias a la
ciencia, la razón, el humanismo y la democracia, así que, si se analizan bien
los diferentes indicadores de bienestar global, las tendencias a futuro son
positivas. Por tanto, si bien tenemos grandes retos con la llegada de tantas
familias venezolanas, también tenemos grandes oportunidades de superarlos, de
aprender, dar lo mejor de nosotros y avanzar juntos como sociedad.
Los aprendizajes en
términos de cultura política con la llegada masiva de venezolanos, están por un
lado ligados a reconocer que las decisiones políticas que se toman individual o
colectivamente, impactan en nuestra vida, por lo que se nos convoca a aprender
de estas experiencias, a seguir madurando y mejorando en cultura política, para
no repetir los mismos errores; pero también, por otro lado, son aprendizajes
ligados a aprovechar esta coyuntura para seguir floreciendo y creciendo en
valores democráticos, y para seguir sensibilizando y formando a la ciudadanía,
como lo han venido haciendo diferentes personas y organizaciones, con el fin de
evitar que la extrema derecha se aproveche de la desinformación y el miedo de
los colombianos y con el fin de cultivar una cultura de protección de derechos
en la ciudad.
Se aprende también, a
pensar en el otro, a ser conscientes de que todo está en constante cambio, y la
vida da muchas vueltas, hace unas décadas, eran los colombianos quieres
migraban a Venezuela, hoy los recibimos y depende de nosotros su inclusión,
para construir tejido social con ellos y crecer en capital social.
Nos queda también, el
llamado a pensar en cómo contrarrestar los discursos de odio y de rechazo hacia
los migrantes y cómo hacer pedagogía política, para que algunos sectores
políticos radicales, no se aprovechen de este fenómeno, en especial, encostalando
sin ningún sustento real, a todos los sectores de izquierda y centro izquierda
colombianos, como seguidores del Régimen de Maduro o del “castro-chavismo”,
solo con el fin de manipular al Pueblo y conseguir sus triunfos electorales.
Bibliografía
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Política. Barcelona: Ariel, (pp. 171-202).
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lunes, 7 de octubre de 2019
¿Hay neopopulismo en las elecciones a la Alcaldía de Medellín?
Faltan pocos meses para
que se den las elecciones locales y como hace 4 años, les voy a argumentar por
quién será mi voto. En esta primera columna, quiero introducir estas preguntas,
que me vengo haciendo por estos días ¿Hay neopopulismo en Medellín?;¿Habrá
Neopopulismo en estas elecciones locales?
En primer lugar, quiero
partir por enmarcar el enfoque desde el que parto: La Cultura Política y la
búsqueda de que nuestra sociedad crezca cada vez más en Cultura Cívica.
Por Cultura Política
hay muchas definiciones, hoy se habla de hecho de Culturas Políticas, pues no
se puede pensar esta como algo singular, sino por el contrario “convivimos
entre múltiples subculturas políticas construidas social e históricamente por
actores individuales y colectivos” (Rodríguez, 2016)[1].
Sin embargo, hay
consensos en que la Cultura Política es el conjunto de conocimientos,
evaluaciones y actitudes que una población determinada manifiesta frente a
diversos aspectos de la vida política y se ve determinada según muchos
estudios, por el capital social del lugar que habita, es decir por las
condiciones del contexto, las oportunidades y los niveles de confianza y
participación de la ciudadanía.
Ahora, la idea de
llegar a una cultura cívica, es posible si avanzamos en cultura política, pues
esta implica que exista una “congruencia y afinidad entre los sistemas
políticos y la estabilidad democrática” (Almond y Verba, 1963)[2].
Son variados los
obstáculos que tenemos para avanzar en cultura política y cultura cívica,
nuestros procesos históricos, marcados por una colonización e independización,
que excluyó de la política a tantos sectores y poblaciones; las brechas
sociales, la desigualdad y la violencia estructural; nuestros procesos
educativos y culturales, que nos mantienen vigente prácticas corruptas en todos
los niveles, cultura de clientelismo, machismo, teocentrismo e ilegalidad; en
fin, son muchos factores, pero me centraré en Neopopulismo.
Los Neopopulismos son
causantes de que exista un déficit en la cultura política democrática y estos a
su vez son producto de la incapacidad de los gobiernos para ofrecer
alternativas de inclusión social y participación política pluralista. Las
características centrales para el surgimiento del Neopopulismo son: 1) Reformas
estructurales neoliberales (Las tenemos, a pesar del enfoque económico que
planteaba nuestra constitución del 91); 2) Surgimiento de nuevos movimientos
políticos fundados por Outsiders o nuevos líderes que usan su discurso crítico
contra las élites o contra el ordenamiento jurídico, responsabilizándolo de
todos los problemas (Los tenemos y en Medellín se pueden evidenciar en estas
elecciones); 3) Democracias refrendatarias y de estados de opinión, las cuales
buscan garantizar los intereses de las mayorías, sin importar que se atropellen
o desconozcan los derechos de las minorías. (Afortunadamente la Rama Judicial,
en especial las Cortes han evitado con sus decisiones en Derecho, que Colombia
caiga en este tipo de Democracia).
Pasemos ahora si, al
caso Medellín y por cuestiones de extensión, solo analizare el contexto actual
electoral para elecciones a Alcaldía:
Tenemos en el panorama
15 candidatos, solo dos mujeres entre ellos, de los cuales 5 recibieron el aval
como independientes recogiendo firmas.
Pues un paso importante
si queremos avanza en Cultura política es animarnos a participar en los
partidos y movimientos políticos, pasar de ser sujetos pasivos, a sujetos
críticos y participantes. Según las últimas encuestas de percepción ciudadana,
en Medellín solo alrededor del 4% de las personas participa en Partidos,
movimientos o grupos políticos. Es clave entonces fortalecer y dinamizar estos
escenarios de participación y esto preferiblemente vinculándonos a los que ya
existen, es muy probable que vayamos a tener diferencias, pero es posible
encontrar algún partido o movimiento con el cual nos identifiquemos en lo
fundamental, en los aspectos esenciales.
Por ejemplo, yo hago
parte del Partido Alianza Verde desde el 2010, antes como simpatizante y ahora
como candidato a la JAL de la Comuna 10; me vinculé porque ahí encontré amigos
y es un partido con el cual me identifico por sus valores, principios y
prioridades en lo programático, pero en el interior de todos los partidos hay
diversas tendencias y sectores, y es lógico que no vamos a coincidir siempre
con todos!, pero de eso se trata, de deliberar y crecer en la diferencia, hasta
con los mismos con los que estamos unidos. Así me imagino que es en todos los
partidos y movimientos.
El caso es que los
candidatos independientes en estas elecciones, lo hicieron principalmente por
estrategia, para hacerle una “jugadita” a las normas electorales que prohíben
hacer campaña antes de determinadas fechas a quienes no están recogiendo firmas.
Ellos tuvieron la oportunidad de darse a conocer con mayor tiempo, algunos que
sabían que tenían la opción de tener el aval de algún partido, decidieron mejor
lanzarse por firmas para tener esta ventaja.
A lo que quiero invitar
finalmente, es analizar que tanto estos candidatos independientes y también los
que se lanzan por partidos, son Neopopulistas; para esto nos podemos preguntar frente a los candidatos, lo siguiente: ¿Su
discurso es crítico hacia las elites (Siendo esta persona parte de alguna
élite) ó está en contra de las normas y derechos fundamentales a pesar de que
defiende con doble moral otras normas y derechos fundamentales, solo por el
hecho de que las mayorías apoyan ese discurso?
¿El candidato usa
técnicas avanzadas de ingeniería política, como encuestas?
¿El candidato prefiere
que su encuentro con las masas o la ciudadanía a convencer sea a través de manifestaciones
públicas, medios de comunicación y redes sociales, dándole poca preponderancia
al contacto físico con la gente?
¿El candidato ataca sin
argumentos todos los partidos y movimientos políticos o por el contrario busca
alianzas con todos sin importar las diferencias ideológicas y programáticas que
se suponen deben tener?
¿El candidato usa en
sus discursos figuras dicotómicas “Amigo-enemigo” o para el solo existe la
opción mala y la opción buena?
¿El candidato le da
mayor valoración a las formas de emprendimiento personal, que a las formas de
organización colectiva, desacreditando o restándole importancia a los partidos
políticos?
¿El candidato, más que
un líder inspirador es un líder carismático que busca crecer por medio de
nuevas técnicas de Marketing y teatralización, ganar adeptos con propuestas
populistas imposibles de cumplir en 4 años?
Dejo aquí estas
preguntas, que fueron inspiradas en el texto “Los estudios sobre cultura política en América Latina” de Gina
Paola Rodríguez, para que cada quien se responsa si hay Neopopulismo o no en
Medellín.
[1]RODRIGUEZ,
ADRIANA (2016). Reflexiones sobre el concepto cultura política y la
investigación histórica de la democracia en América.
[2] GABRIEL
A. ALMOND y SIDNEY VERBA (1963) La Cultura Política.
viernes, 9 de agosto de 2019
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